|
|

|
|
Editorial
La seguridad es un problema a resolver
La ola de violencia delictiva instalada en nuestra ciudad en las últimas semanas vuelve a abrir un debate acerca del doloroso y urgente tema de la seguridad. La muerte de vecinos, la actividad cada vez más audaz de los delincuentes, el asesinato de policías, dan cuenta de una realidad compleja, tensa y de difícil resolución inmediata. A todo ello hay que sumarle la existencia de verdaderos arsenales en manos de los delincuentes; un tema que preocupa porque no se sabe con precisión de dónde proviene el abastecimiento de armas y quiénes son los responsables de ese tráfico.> En términos teóricos, el debate entre los progresistas y los conservadores se plantea en los siguientes términos: para los progresistas la delincuencia es el producto de un orden social injusto; si se corrigieran las desigualdades sociales se eliminarían las principales causas que motivan a los hombres a elegir el camino del delito. La seguridad entonces estaría relacionada con la justicia social y atacar a la delincuencia significaría atacar las causas que obligan a los hombres a delinquir. En cambio, los conservadores estiman que los hombres eligen ser delincuentes y que más allá de los condicionamientos del medio, hay una opción a favor del crimen y, como tal, debe ser castigada. Para ellos, responsabilizar al sistema de lo que es una decisión a favor de vivir al margen de la ley es un error en el más suave de los casos, cuando no, una coartada funcional a una visión del mundo crítica al sistema capitalista.> Está claro que estas posiciones están sustentadas en dos miradas radicalmente opuestas respecto de la condición humana. Para el progresismo el hombre es intrínsecamente bueno y el sistema es el responsable de su maldad. Esta visión roussoniana es refutada por los conservadores, quienes sostienen que el hombre liberado a sus instintos se transforma en lobo del hombre. En este punto Rousseau es confrontado con Hobbes.> En la vida real, estas visiones antagónicas están matizadas y no siempre es sencillo distinguir los campos. En principio, y a la hora de evaluar las consecuencias de los delitos, los progresistas suelen ser garantistas, mientras que los conservadores consideran que las garantías deben proteger a las víctimas de los delincuentes y no a la inversa.> Cuando deben tomar decisiones institucionales y políticas los funcionarios suelen actuar condicionados por la gravedad de la coyuntura, pero esforzándose por compatibilizar estas dos miradas extremas. Reducir la delincuencia a un emergente de las injusticias del sistema, es una grave simplificación que no da ninguna respuesta a las necesidades de una sociedad agredida por la criminalidad. Suponer que el problema se soluciona con la denominada "mano dura" es también otra simplificación, en tanto que omite la gravitación del orden económico y social sobre las conductas de los hombres.> En definitiva, hay que tomar iniciativas atendiendo los reclamos de la sociedad pero asumiendo la complejidad del problema. La seguridad como paradigma del orden es un valor que incluye un conjunto de alternativas que no se reducen a la vigencia de la mano dura, pero que tampoco se resuelve omitiendo el recurso legítimo de la represión.> |
|
||||||||||||||
