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Edición del Viernes 16 de mayo de 2008
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Opinión: OPIN-04
Artes Visuales
La línea piensa
Dibujo de Alberto Navarro. 

En el marco de su calendario anual de exposiciones de arte visual, el Museo Municipal de Artes Visuales -peatonal San Martín 2068- ha abierto a la consideración y apreciación pública una exposición de dibujos cuyos autores, inscriptos en el proyecto La línea piensa, dirigido por Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía, son los artistas plásticos Elena Nieves, Armando Sapia y Alberto Navarro.

La exposición compartida por los artistas antes señalados explicita a ojos vistas que la línea es melodía y a la vez estructura visual con la cual los susodichos construyen sus proposiciones visuales de sostenida calidad plástica.

En cada tramo de la muestra, en cada trabajo expuesto y por sobre la diversidad de las proposiciones se destaca un sostenido rigor de trabajo, al margen de logros mayores o menores. Nada resulta plásticamente gratuito y a cada paso, la línea, esa invención del hombre toma protagonismo esencial, ora como contorno, ora como trama o límite para manifestarse sin solución de continuidad, sin descender a la gratuidad o al relleno del campo expresivo. Decir lo más con lo menos, es, ya se sabe, todo un desafío.

María Nieves construye abigarrados contextos que remiten subjetivamente a umbrosos paisajes fantasmagóricos, irreales, señalados por el contorneado de las formas que se entretejen, superponen y destacan. No hay licencias visuales de compromiso circunstancial pues en estas proposiciones aquel que mira, al dialogar visualmente con cada obra, la nutre y complementa con el caudal de su imaginario personal. Las suyas son obras que se expanden en múltiples señalamientos, y el soporte circunstancial, sea éste papel o muro, se manifiesta como metáfora del espacio inabarcable por encima del cual la autora "escribe" sus relatos ensoñados.

Armando Sapia presenta dibujos de formato menor y medio. Con ellos, configura situaciones construidas con los datos referenciales del amor, el humor, el horror en constante latido, tejiendo precisas situaciones visuales en las cuales la línea define y acota cada subespacio, cada constructo, cada límite convocado. El dibujo, la línea pensante es en este autor, escritura de abierta concepción y lectura con soluciones de meridiana claridad. Ellas nos trasladan inmediatamente a circunstancias que se afincan en una interpretación de la historia como aventura del hombre a través del tiempo y el lugar. La línea con su carga de soslayado sarcasmo e ironía deviene contorneado, límite de campos o textura visual en estas configuraciones de saturación cuasi-barrocas que constantemente refieren a la vida y a la muerte.

La ausencia de un sombrío dramatismo otorga elegancia poética a sus trabajos expuestos "que no distraen ni halagan en su claridad expositiva". Dice lo más con lo menos.

Alberto Navarro presenta una colección de trabajos de trazo marcado, de agresiva construcción sobre el plano, imponiendo perfiles, planos y urdimbre sin solución de continuidad. Un mundo caótico, de recortes y superposiciones en los cuales el espacio no tiene finitud; en el mismo el arriba y el abajo son señalamientos que se pueden intercambiar en tanto no metaforizan escalas de valor o prestigio alguno. Dibujos de continente obsesivo, en ellos todo puede ser todo una y otra vez, o nada. Estos trabajos se arman con señalamientos sobre el papel soporte, puntos que crean encadenamientos y texturas en constante movimiento de flotación, y en permanente asecho. Seres encantados, de irreal definición saturan los lugares mirándonos en una constante invitación a transitar los caminos del sueño y la pesadilla.

Muestra colectiva que exhibe de qué cosa se habla cuando se habla del dibujo, en tanto da cuenta a propios y a extraños de que más allá de ruidosas proposiciones mercantilistas a la moda, el Dibujo, propiamente la línea, se constituye en fundante de la práctica del dibujo.

La línea, esa madre del dibujo y de la escritura, logro primero de la humanidad, recuerda a nos que vive con latido propio y no está sumida en un cono de sombra alguno.

Cuando el estudio, el talento y el trabajo la adoptan, resplandece con vibraciones propias.

El gesto del color

Con este título, Mónica Rodríguez, artista plástica santafesina propone construcciones plásticas abiertas, pródigas en vibrante color que relatan a su modo y manera "trozos de vida urbana" capturados del entorno social y reconfigurados o directamente creados desde las posibilidades de la imaginación de la autora. Estas pinturas que se exhiben en el Hall de la Escuela Provincial de Artes Visuales Prof. Juan Mantovani, 9 de Julio 1821, desde la apertura de la exposición, a saber, el 25 de abril ppdo., ofrecen a propios y extraños la voluntad por construir un lenguaje visual propio con aportes múltiples que aquí se reelaboran con un "decir personal".

En cada obra a la vista, tanto sea las de formato mayor como las de menores dimensiones, el interjuego cromático teje su melodía visual de contrastes contrapunto y ardiente desarrollo.

La autora recurre a la pincelada agitada, que concatena y superpone los planos definidos y recortados por bandas negras, subrayando la luz cromatizada y las superficies que rehúsan el supuesto acabado de la obsoleta "prolijidad per se" exigidas machaconamente en tantos ámbitos.

El temperamento carga los instrumentos para crear historias de densa materia, de agitado arrastre en la configuración de texturas. Estamos frente a proposiciones visuales abiertas que exaltan aquello que sucede en el cuadro en la intención velada de insuflar latido vital a cada personaje.

Rodríguez se encabalga en la idea de la forma pintada como construcción de planos concatenados en constante acción, sin sujeción a contornos autoimpuestos. En ese frenesí, ocasionalmente resbala, reiterándose innecesariamente.

No hay lugar para tintas sordas o atmósferas ambiguas de insinuante silencio. Todo está expresado estentóreamente, sin remilgos. Su serie de desnudos en formato menor, autodefinido como exploración formal, no esquiva el contraste cromático de marcada presencia, de alta saturación, similar a los trabajos de mayores dimensiones.

Libertad expresiva a más del color exacerbado son los andariveles por los cuales Rodríguez transita su tarea. Estar atenta a un necesario autocontrol a fin de no desmadrarse es quizás un tópico a no desechar, según corresponda y exija la claridad visual proclamada por la autora.

Domingo Sahda



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