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Edición del Sábado 26 de julio de 2008
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Opinión: OPIN-07
Llegan Cartas
Carismas del atardecer de la vida

Señores directores: En el Día de los Abuelos, festividad de San Joaquín y Santa Ana, queremos compartir especialmente estas reflexiones de Juan Pablo II referidas a los adultos mayores y ancianos.

Él llama "carismas del atardecer de la vida" a esas actitudes que las personas mayores pueden ofrecer en su vida de todos los días y de esta manera relacionarse más positivamente con su entorno familiar y social. Juan Pablo II habla de ser puente entre las diversas generaciones: es decir, transmisor de la historia familiar, ser memoria viva, ser raíces.

Dar siempre testimonio del amor: amor a lo largo de todas las etapas vividas; en las alegrías y en el sufrimiento.

Darse generosamente, desinteresadamente. La dicha consiste en haber vivido una vida donde se invirtió todo en amar.

Nos pide ser ejemplos de serenidad, de una alegría discreta y radiante, la que encontramos en Dios. La verdadera alegría es interior, pero todos terminan descubriéndola porque se irradia.

También de fortaleza en la adversidad, porque sabemos bien en quién hemos puesto nuestra esperanza. Los adultos mayores son expertos en sobrellevar momentos difíciles y con esa experiencia pueden dar ejemplo a su alrededor, como fruto de lo vivido y de su riqueza interior.

Descubrir a los otros su interioridad con mirada agradecida por el largo camino recorrido y ascendiendo siempre hacia Dios en sus actos y voluntades.

Sobre estos carismas del atardecer de la vida se refería Juan Pablo II cuando era ya un anciano, en una de sus alocuciones a los mayores. Comprendía en su propio atardecer que todos podemos dar testimonio de estas actitudes que quizás no se poseen en una edad más joven. Los carismas son gracias a Dios, dones gratuitos que tenemos la posibilidad de compartir generosamente con los demás.

A pesar de cualquier limitación, la edad madura es más que ninguna la plenitud, porque se han vivido todas las etapas, con su cúmulo de experiencias y sabiduría.

Así, las personas mayores en su riqueza, deben agradecer a Dios la vida vivida; vivir concientemente la edad de la plenitud de los años y sobre todo: estar dispuestos a transmitir generosamente los dones recibidos.

Un fraternal abrazo a nuestros mayores y ancianos.

Por Pastoral Arquidiocesana de Adultos Mayores y Ancianos.

San Jerónimo 2670. Ciudad.



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